Versión estenográfica. Heroínas de la historia de México. Ciudad de México

Versión estenográfica. Heroínas de la historia de México. Ciudad de México

MODERADORA: Escuchemos el mensaje que dirige la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: Buenos días. ¿Cómo están?

ASISTENTES: ¡Bien!

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: Bienvenidas. Muchas gracias.

Vienen de distintos puntos de la República. Bienvenidas, a todas.

Quiero, antes de iniciar la lectura de un pequeño documento que elaboré, darle las gracias a José Alfonso Suárez del Real; porque él —en la primera etapa de las “Heroínas de la Patria”, porque este es parte del “Paseo de las Heroínas”— nos ayudó desde la Jefatura de Gobierno y ahora con estas seis ancestras también, sin él no podrían estar aquí.

Gracias, José Alfonso.

Saludo con cariño, con gusto a Clara Brugada, nuestra jefa de Gobierno.

A Jesusa, siempre.

Y a todas las compañeras del Gobierno de la República y a todas ustedes y a todos ustedes.

Colocar seis monumentos dedicados a mujeres indígenas en el Paseo de la Reforma es un acto de justicia histórica y de profundo significado simbólico para la nación.

No se trata únicamente de nuevas esculturas en el espacio público, sino de un reconocimiento explícito a quienes han sostenido desde sus comunidades y a lo largo de los siglos, quizá milenios, la vida cultural, social y espiritual de México.

Estos monumentos, estas esculturas representan la grandeza de las mujeres indígenas, su sabiduría transmitida de generación en generación, su vínculo con la tierra, sus formas comunitarias de organización, y los valores que han preservado —incluso, frente a la exclusión y la violencia— que son los valores del pueblo de México.

Honrarlas en un espacio tan emblemático, es reconocer que la transmisión cultural no pertenece al pasado, sino al presente y al futuro de la patria.

Su presencia en el corazón de la Ciudad capital es también un símbolo firme contra el racismo, el clasismo y el machismo.

Durante demasiado tiempo las mujeres y, en particular, las mujeres indígenas, han sido invisibilizadas o relegadas a los márgenes del relato nacional.

Al ocupar el centro de la patria, el Paseo de la Reforma, un espacio históricamente reservado para héroes y gestas históricas, ahora, junto al “Paseo de las Heroínas” que inauguramos hace algunos años, afirmamos que las mujeres indígenas son parte fundamental de la historia y que su dignidad no admite jerarquías ni exclusiones; que su dignidad es la dignidad de un pueblo entero.

Los monumentos, estatuas y nombres de las calles de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, son legados que dejamos para futuras generaciones. Son marcas históricas que deben hacernos recordar dignamente nuestro pasado.

El silencio histórico, el que no estuvieran, es una forma de violencia que somete, que aniquila y determina un presente y un futuro.

El silencio histórico se vuelve un ancla que invita la complicidad y dificulta la transformación, dificulta el cambio.

Estos monumentos, estas estatuas, estas esculturas reivindican la memoria histórica, reivindican la grandeza cultural de México, que es nuestro orgullo y debemos llevarla siempre con nosotros.

Si reivindicamos e incorporamos las enseñanzas de nuestras ancestras, de estas grandes mujeres, las grandes civilizaciones que representaron su espíritu libertario y su resistencia inmensa, reconocemos la dignidad de las y los mexicanos, de nuestro pueblo, de su fuerza extraordinaria y de las mujeres indígenas de hoy y los pueblos originarios de hoy.

Por eso, larga vida “La mujer de Palenque”, a Tecuichpo, a “Señora 6 Mono”, a Xiuhtzatzin, a Eréndira y a Malintzin, y con ellas, a todas las mujeres indígenas.

En Malintzin quiero detenerme un momento. ¿Por qué colocar su figura si durante años nos enseñaron que era símbolo de traición? Porque como se discutió ampliamente durante el “Año de la Mujer Indígena”, en 2025, en foros, encuentros y libros encabezados por Jesusa, esa interpretación responde más a una necesidad de culpar, que a una comprensión profunda de nuestra historia.

Malintzin fue convertida en emblema de una supuesta fractura original para explicar la soledad del mexicano; cuando, en realidad, su vida refleja la condición de una mujer indígena inmersa en un mundo de violencia, de invasión y despojo que hizo uso de su palabra y de su conocimiento lingüístico para sobrevivir.

Reconocerla hoy, no es reabrir viejas heridas, no; es cerrar una deuda histórica, es demostrar el relato que justificó el machismo y el racismo, es cerrarlo, y afirmar que en ella hay mediación, inteligencia y complejidad, no traición ni vergüenza.

Al colocar la figura de Malintzin, en Paseo de la Reforma, la miramos todos y todas con otros ojos, como la que habló, la que entendió, la que quería que la palabra venciera la espada.

El reconocimiento de las mujeres indígenas en el Paseo de la Reforma plantea una visión profundamente transformadora.

Frente a la narrativa de la soledad, se afirma una identidad fundada en la dignidad, la memoria y la fortaleza colectiva.

Frente al estigma, el reconocimiento.

Estos monumentos, estas esculturas, reivindican a las mujeres, a todas las mujeres; a las mujeres indígenas como portadoras de lenguas, valores comunitarios y saberes que han sostenido a México a lo largo de los siglos. Colocarlas en el centro de la patria es reconocer que la grandeza del pueblo mexicano se entiende mejor desde el respeto a nuestras raíces y desde la mujer como figura central de nuestra historia, de nuestro presente y de nuestro futuro.

A todas las mexicanas y mexicanos nos une el deber de honrar a los pueblos originarios y a las mujeres, a las mujeres indígenas.

Amar esta tierra sagrada que nos vio nacer o que nos acogió, y sentir con orgullo profundo que somos parte de una patria milenaria y viva.

Quien no recuerda sus raíces, camina sin rumbo.

La memoria es semilla; si no se cuida, no florece.

Para saber a dónde vamos, hay que escuchar a nuestras ancestras, hay que escuchar de dónde venimos.

Sin las mujeres indígenas no se entiende la historia de México, no se entiende México, ni su presente, ni el horizonte de igualdad y respeto al que aspiramos como sociedad en transformación, con un maravilloso legado de grandeza.

¡Que vivan las mujeres indígenas!

ASISTENTES: ¡Vivan!

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que vivan los pueblos originarios!

ASISTENTES: ¡Vivan!

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que vivan las mujeres!

ASISTENTES: ¡Vivan!

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que viva México!

ASISTENTES: ¡Viva!

MODERADORA: Se les invita a ponerse de pie para entonar respetuosamente nuestro Himno Nacional.

(HIMNO NACIONAL MEXICANO)

MODERADORA: A nombre del Gobierno de México y, en particular de la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, las representantes de la nación palencana, náhuatl, mixteca, tolteca, oluteca y la p’urhépecha, develarán de manera simultánea las estatuas de nuestras ancestras:

Tz’ak-b’u Aha, “Señora de linaje”, “Señora de Palenque”.

Tecuichpo-Ixcaxochitzin, “Señora de México-Tenochtitlan”.

La “Señora 6 Mono”, “Señora de Huachino”.

Señora Xiuhtzatzin, “Señora de Tula”.

Malintzin, “Señora de la palabra”.

Eréndira Ikikunari, “Señora p’urhépecha”.

Rindamos un aplauso a este grupo de ancestras que, a partir de hoy se integran al “Paseo de las Heroínas” de México y rinden homenaje al “Monte del Chapulín”, lugar sagrado para los nahuas y, particularmente, para los mexicas.

En estos momentos, la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, acompañada de las integrantes del presídium, se dirigirán hasta la estatua de Malintzin.

(TRASLADO A ESTATUA DE MALINTZIN)

MODERADORA: Preside esta ceremonia la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

La acompañan:

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, licenciada Clara Brugada Molina.

Licenciada Ernestina Godoy Ramos, fiscal general de la República.

Integrantes del Gabinete Legal y Ampliado:

Licenciada Rosa Icela Rodríguez Velázquez, secretaria de Gobernación.

Citlalli Hernández Mora, secretaria de las Mujeres.

Ariadna Montiel Reyes, secretaria de Bienestar.

Licenciada Claudia Stella Curiel de Icaza, secretaria de Cultura.

Doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez, secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación.

Maestra Raquel Buenrostro Sánchez, secretaria de Anticorrupción y Buen Gobierno.

Licenciada Josefina Rodríguez Zamora, secretaria de Turismo.

Licenciada Alicia Bárcena Ibarra, secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Doctora Edna Elena Vega Rangel, secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano.

Ingeniera Emilia Esther Calleja Alor, directora general de la Comisión Federal de Electricidad.

Ingeniera María Luisa Albores González, directora general de Alimentación para el Bienestar.

Licenciada Leticia Ramírez Amaya, coordinadora general de Asuntos Intergubernamentales y Participación Social.

También la acompañan:

La licenciada Claudia Olivia Morales Reza, presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

Arquitecta Valeria Valero Pié, coordinadora nacional de Monumentos Históricos.

Marisela González González, representante del pueblo hñähñu.

Jesusa Rodríguez, actriz y promotora cultural.

Asimismo, queremos destacar la asistencia a este evento del Colectivo de las 15 escultoras responsables de estas excepcionales obras “Llegamos todas”.

Así como de las siguientes guardianas de veladoras:

Tz’ak-b’u Aha, “Señora del linaje” y “Señora de Palenque”: Roselia Vázquez Cruz, consejera de la Nación Ch’ol de Chiapas; Arsenia López Arcos, agente municipal de la Nación Ch’ol de Chiapas.

Tecuichpo-Ixcaxochitzin, “Señora de México-Tenochtitlan”: Rita María Romero Bermejo, nahua de Milpa Alta de la Ciudad de México; Flor Liliana Chavira Reyes, nahua de Milpa Alta de la Ciudad de México.

La “Señora 6 Mono”, “Señora de Huachino”: Manuela López Trinidad, de la Nación Mixteca y presidenta municipal constitucional de Magdalena, Jaltepec, Oaxaca; María Lourdes Jiménez Liera, consejera de la Nación Mixteca.

Señora Xiuhtzatzin, “Señora de Tula”: Alberta de Jesús Basilio, consejera de la Nación Hñähñu. Josefina Francisco Benítez, consejera de la Nación Hñähñu.

Malintzin, “Señora de la palabra”: María Eugenia Cruz Hernández, tesorera de Oluta, Veracruz; la niña Coral Cen Carrillo, nahua parlante de la Ciudad de México.

Eréndira Ikikunari, “Señora P’urhépecha”: Eloísa Bautista Campos, representante de Cheranástico, Nación P’urhépecha. María Adelina Márquez Joaquín, autoridad del Consejo Mayor de Cheranástico, Nación P’urhépecha.

También agradecemos la asistencia a este evento de las autoridades del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas.

A las representantes de varios de los pueblos originarios de nuestro país.

A las vecinas de diversas alcaldías de la Ciudad de México.

Al distinguido público que nos acompaña.

A las y los representantes de los medios de comunicación.

Y a todas y todos los que nos siguen a través de redes sociales.

Sean todas y todos bienvenidos.

Hace uso de la palabra la licenciada Clara Brugada Molina, jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

JEFA DE GOBIERNO DE LA CIUDAD DE MÉXICO, CLARA BRUGADA MOLINA: Hola, queridas mujeres, queridas amigas, compañeras.

Primeramente, la bienvenida a nuestra querida Presidenta Claudia Sheinbaum.

Un fuerte aplauso.

Y quiero saludar a todas las mujeres que están en este presídium, que son secretarias y parte del Gabinete del Gobierno de México.

Un fuerte aplauso a todas ellas.

Quiero, en especial, saludar también a quienes hoy representan a las mujeres indígenas.

Un fuerte aplauso y reconocimiento a todas las mujeres indígenas que están aquí presentes.

Yo quiero, primeramente, agradecer la invitación a este evento tan importante para nuestro país. Este evento dedicado a la develación de seis esculturas que son dedicadas a nuestros ancestras, a las mujeres que abrieron camino cuando no había camino, a quienes dieron su vida por su pueblo luchando, aun cuando la historia no las nombraba.

Esta gran Avenida de la Reforma hoy se ensancha, hoy es escenario de este importante acontecimiento, que es ponerle nombre, historia y legado de mujeres históricas de nuestro país, de distintas partes del país.

Y en esta emblemática Avenida de la Reforma, en el que ha pasado la historia de este país, hoy se encuentran en el corazón de esta gran avenida la memoria de mujeres que han hecho grande a nuestra nación.

Y tenía que llegar una mujer Presidenta para reconocerlas, así que muchísimas gracias, Presidenta.

Quiero reconocer primeramente las esculturas que, cuando la Doctora Claudia Sheinbaum fue jefa de Gobierno, promovió inicialmente, en este lugar:

Leona Vicario, Josefa Ortiz, Gertrudis Bocanegra, Sor Juana Inés de la Cruz, Margarita Maza, Sara Pérez Romero, Juana Belén Gutiérrez, Carmen Serdán Alatriste, Matilde Montoya, Dolores Jiménez, Elvia Carrillo Puerto, Agustina Ramírez Heredia, Hermila Galindo y mexicanas anónimas forjadoras de la República. Aquí sus esculturas se encuentran.

Así que démosles un aplauso a todas las mujeres heroínas que acabo de mencionar y que fueron rescatadas por nuestra Presidenta.

Y hoy sumamos a seis nuevas esculturas de nuestras ancestras, mujeres indígenas que rinden homenaje a millones de mujeres que han construido este país con mucho esfuerzo y con mucha visión.

Durante muchos años el papel de las mujeres fue minimizado, ocultado o borrado, a veces de manera intencional; sin embargo, la historia de México no puede, ni debe seguir, contándose esta historia sin ellas, sin sus luchas, sin sus pensamientos, sin su trabajo y sin su valentía y, sobre todo, sin su amor profundo por esta nación.

Así que apenas, el 2 de enero, recordamos el fallecimiento de una de las heroínas, Margarita Maza, cuya vida encarnó dignidad, la defensa de la soberanía y el compromiso con la patria.

Y como ella, la memoria de estas heroínas nos recuerda que México se ha construido gracias a mujeres que nunca se rindieron.

Así que quiero cerrar con las palabras de una de nuestras heroínas, Hermila Galindo, dice: “Me hice revolucionario por una fuerza irresistible de convicción, por un potente impulso del deber y por un grande amor a mi pueblo”.

Eso es lo que dijo Hermila Galindo.

Y que ese mismo amor por el pueblo y ese mismo sentido del deber sigan guiando nuestro camino hoy y siempre.

Hoy se hace homenaje a nuestras ancestras, a las mujeres indígenas que hoy están presentes en el Paseo de la Reforma, pero en la memoria de todas las mexicanas y mexicanos.

Y hoy también hagamos homenaje a nuestra Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo que sin ella, esto no hubiera sido posible.

Muchísimas gracias a todas.

¡Que vivan las mujeres en lucha! ¡Que vivan las mujeres indígenas!

ASISTENTES: ¡Vivan!

MODERADORA: Hace uso de la palabra la arquitecta Valeria Valero Pié, coordinadora nacional de Monumentos Históricos.

COORDINADORA NACIONAL DE MONUMENTOS HISTÓRICOS VALERIA VALERO PIÉ: Qué tal, muy buenos días a todas, a todos.

Es un gran honor estar hoy con todas ustedes.

Señora Presidenta:

Muchísimas gracias por permitirnos acompañarla, junto con las secretarias y las mujeres que la acompañan en su Gabinete.

Es un gran gusto el día de hoy poder develar estas seis esculturas dedicadas a nuestras ancestras. Seis mujeres que han sido nuestra base, nuestro pilar en la historia de este país.

Y como ya comentó nuestra jefa de Gobierno —gracias—, licenciada Clara Brugada ―también la saludo―, esta es una iniciativa de la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, que es la reivindicación histórica de las mexicanas de todos los tiempos.

Y es una convicción personal ―me parece― pero, por supuesto, colectiva que, durante su gestión como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, se concretó con la instauración del “Paseo de las Heroínas”, como reivindicación urbana de una vialidad concebida bajo el esquema imperante del patriarcado histórico que legó a la capital del país el Paseo Histórico de la Reforma.

Y es así que, desde su toma de posesión como primera Presidenta y Comandanta de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos Mexicanos, la Doctora Sheinbaum refrendó, ante el Poder Legislativo, el principio de que, “con ella, llegaban todas las mujeres de México: las ancestras, las abuelas, las madres, las hermanas, las hijas y las nietas”.

Y de ahí que resultase natural que en el primer año de su Gobierno lo dedicara a honrar y reivindicar la memoria de cuatro de las grandes ancestras de México antiguo:

La Señora de Palenque.

La mexica de Tecuichpo.

La “Señora de Huachino”.

La mixteca llamada “6 Mono”.

Y la “Señora de Tula”, Xiuhtlaltzin, madre del gobernante Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, cuyas efigies se integran como emblema al “Año de la Mujer Indígena”.

Y bueno, a estas esculturas, también se suma: La escultura de la intérprete oluteca Malintzin y a la p’urhépecha Eréndira en el andador, que justamente se ubica frente al “Altepetl del Chapulín”, la mítica fuente de agua que nutrió a la ciudad-estado de México-Tenochtitlán, lugar sagrado para el Pueblo Mexica, desde su llegada y permanencia en este monte.

Con el fin también de marcar la diferencia de este segundo tramo del Paseo de las Heroínas, las estatuas están dando justo el rostro hacia este espacio sagrado que es el Cerro de Chapultepec.

Agradezco, nuevamente, a todas ustedes, señora Presidenta, señora jefa de Gobierno, todas las secretarias, la oportunidad.

Y muchas felicidades por este segundo tramo del Paseo de las Heroínas.

Muchas gracias.

MODERADORA: Hace uso de la palabra Maricela González González, representante del pueblo hñähñu.

REPRESENTANTE DEL PUEBLO ÑHÄÑHU, MARICELA GONZÁLEZ GONZÁLEZ: Ko ma zi paha ko ma zi paha, ma ga fūdi ga mpēfi. Ga mpēfiga ga mpēfiga te ra ñentho ga mpēfi. Nuä ri xudi nuä ri xudi, ma ga pot’a ya dēthä nu ya dhēthä nu y dēthä ri xudi ga pot’aū. Ko ma m’ida ga ntuhuga, nu rä zi hiadi ra zi hiasna di sugagi, Ko ma m’ida ga ntuhuga, nu rä zi hiadi ra zi hiasna di sugagi.

Con alegría, con alegría, empezaré a trabajar. Trabajaré, trabajaré con todo mi corazón. Desde mañana, desde mañana, voy a sembrar mi maíz. Con mi maíz, con mi maíz, mañana lo sembraré. Con mi jarana yo cantaré, el astro sol, también la luna, me cuidarán.

Con permiso, Presidenta.

(Habla en lengua indígena). Quizá hoy es temprano para que la gente se dé cuenta de la importancia histórica que tiene estar viendo seis esculturas en el Paseo de la Reforma. Normalmente a las mujeres de los pueblos originarios se nos ha relegado de la historia de nuestro país, país que hemos sostenido, no solo con nuestras creencias y cantos, sino que también con nuestras artesanías, con nuestro trabajo en el campo. Con las enseñanzas a nuestras hijas e hijos, con seguir hablando nuestra lengua y nuestro cuidado hacia la naturaleza.

Así que hoy ver a estas seis mujeres en esta calle no es cualquier cosa, son mujeres de la época prehispánica que representan el pasado, pero en ellas nos representamos nosotras las mujeres del presente y del futuro.

Estas seis mujeres, son mujeres de la antigüedad que simbolizan seis diferentes regiones. Son guerreras, son gobernantas, intérpretes y traductoras, son mixtecas, p’urhépechas, toltecas, olutecas, mayas, nahuas, otomíes.

Es un homenaje no solo a las mujeres del pueblo originario de México, es un homenaje a todas las ancestras de todas y todos los mexicanos. Son mujeres que muy a menudo la Ciudad de México olvida que también son parte de la historia.

Estos seis monumentos harán que más mujeres se sientan y nos sintamos orgullosas de nuestras raíces. Y que nosotras, mujeres de los pueblos originarios, nos veamos representadas acá, porque desde mucho tiempo atrás ya poblamos todas estas tierras.

Quizá no somos todas y faltan muchas, pero las que faltan están ahora tomando puestos importantes en el poder.

En estos momentos también nos recordarán que podemos llegar a esos puestos y formar parte de los libros de la historia. Recordemos que ya está sucediendo, porque no estamos solo en los museos, estamos en las calles y en puestos importantes.

Saludo y menciono a algunas:

Nadia López García, tu’un savi mixteca, que es coordinadora nacional de Literatura del INBAL.

Claudia Oliva Morales Reza, wixárika y presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, hoy presente con nosotras.

Bertha Dimas Huacuz, p’urhépecha, coordinadora general de Transversalidad y Operación Regional del INPI.

Y a las mujeres que forman el equipo de la nueva Suprema Corte de la Justicia de la Nación, como Cristina Solano, ñuu savi mixteca; Lucero de la Rosa Carrillo, wixárika, por mencionar algunas.

Y que no se olviden de las afromexicanas, como Mijane Jiménez Salinas.

Y faltan muchas por mencionar, tendríamos una lista interminable.

Pero hoy celebramos el acto de justicia histórica contra la discriminación, el clasismo y el racismo ejercido contra nosotras, las mujeres de los pueblos originarios de nuestro país.

Agradecemos a la primera mujer Presidenta este nuevo símbolo que nos está dando. Y esperamos que no muy lejos celebremos a la primera mujer presidenta indígena.

Gracias.

MODERADORA: Hace uso de la palabra la licenciada Claudia Olivia Morales Reza, presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

PRESIDENTA DEL CONSEJO NACIONAL PARA PREVENIR LA DISCRIMINACIÓN, CLAUDIA OLIVIA MORALES REZA: Con su permiso, Presidenta.

‘Ik+ werikayepa kiekatari niuki xeme ta ‘enie ya p+ ta tsiere ‘ena xem+ kaniere m+pa+ nep+tixehah+’awe, tinakemeki ta kiekari tep+ ye wit+k+ni. Yap+ta tsiere hik+ hekwamek+ ‘itsikate kiekari xem+ wimit+ariex+a x+ari tinakemek+ xepeye’uweni, ‘ukari wa niuki ti nakrmek+ xe’anukuwimat+.

Hoy, no solo nos reunimos frente a seis figuras, nos encontramos frente a una memoria que ha caminado en silencio, frente a nombres que sostuvieron la vida cuando no había reconocimiento. Y frente a historias que durante mucho tiempo fueran negadas, pero jamás borradas.

Durante siglos se nos enseñó una historia incompleta, una historia donde las mujeres apenas aparecían, donde sus decisiones, su palabra y su fuerza quedaron ocultas.

Hoy, al devolverlas al espacio público, la memoria se abre y se reivindica. Y cuando la memoria se recupera, también cambia la forma en que nos miramos como país.

Estas seis hermanas vienen de distintos tiempos y pueblos, pero comparten una misma raíz, que las mujeres siempre hemos buscado la transformación de nuestros territorios y la vida cotidiana de nuestras comunidades.

En ellas, reconocemos a las mujeres que cuidaron la tierra, transmitieron la palabra, resistieron el despojo y mantuvieron viva la esperanza. Son reflejo de nuestras abuelas, de nuestras madres, de quienes siguen caminando y sosteniendo la identidad de nuestros pueblos todos los días.

Ellas seis nos hablan juntas con una misma fuerza. En sus vidas se expresa el poder ejercido con sabiduría, la capacidad de resistir la ruptura, la toma de decisiones que marcaron el destino de sus pueblos, la custodia de la palabra y la valentía frente a lo imposible.

Todas ellas rompieron el silencio impuesto y dejaron huella allí donde la historia oficial quiso ver ausencia.

Nombrarlas hoy es devolverles el lugar que siempre les perteneció. Es motivar que las mujeres de este país se reconozcan en ellas, que encuentren en sus historias: un espejo, una raíz, una fuerza.

La develación de estas estatuas es un gesto que va más allá del homenaje, es un acto de reconocimiento y justicia, un acto que demuestra el compromiso de nuestra primer mujer Presidenta, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

Un compromiso con las mujeres y con quienes históricamente fueron invisibilizadas. Un acto donde la memoria deja de ser deuda y comienza a ser justicia viva.

Desde el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, afirmamos que reconocer transforma, que visibilizar reivindica. Que, cuando el Estado nombra con dignidad, abre posibilidades reales de igualdad.

Durante mucho tiempo se negó la palabra y el espacio a quienes sostuvieron este país.

Hoy avanzamos hacia un México donde la memoria ocupa el centro. Porque una sociedad que honra a sus ancestras, es una sociedad que se compromete con el futuro, que entiende que la historia no es pasada, sino raíz viva, que sigue dando sentido al presente.

Estas mujeres nos recuerdan que la historia tiene muchos rostros y muchas voces, aquellas que día con día se escuchan en el México profundo.

A partir de hoy, sus nombres y su memoria acompañarán a nuestras niñas y jóvenes, que sabrán que también ellas pueden cambiar el rumbo de su historia.

Las mujeres, todas ellas, seguirán transformando la vida pública de México.

Y hoy no solo lo decimos, lo reconocemos, lo honramos y lo colocamos en el centro de nuestra memoria colectiva.

(Habla en lengua indígena)

MODERADORA: Hace uso de la palabra la actriz y promotora cultural, Jesusa Rodríguez.

ACTRIZ Y PROMOTORA CULTURAL, JESUSA RODRÍGUEZ: Gracias.

Con su permiso, Presidenta.

Y con la alegría de ver este presídium de puras mujeres poderosísimas y acá abajo otras, creo, que todavía más poderosas que las de acá arriba.

Estar aquí frente a estas seis estatuas de mujeres poderosas es una celebración de la vida, la energía vital que proyectan estas mujeres se mueve como espiral o torbellino hacia el infinito y no dejará indiferente a quienes transitan por el hermoso Paseo de la Reforma.

Estas seis mujeres poderosas son, a su vez, la exaltación misma de la periodicidad de la naturaleza basada en los ciclos de la luna y la fisiología del cuerpo femenino, y nos enfrentan a la regeneración de la vida y a la siempre triunfante memoria de los pueblos que originaron nuestras culturas.

No estaríamos hoy frente a estas mujeres sin los estudios científicos de la arqueología, la historia y las diversas ciencias asociadas a ellas; sin embargo, la mayoría de las veces estas disciplinas carecen de una perspectiva de género, por no decir que son patriarcales y misóginas, lo cual se puede constatar en los museos y zonas arqueológicas. Ejemplos sobran:

En Chalcatzingo, Morelos, por ejemplo, el famosísimo altar de una deidad de la lluvia sentada en el trono al interior de la cueva, que claramente viste un quexquémetl, prenda femenina por excelencia, dice al pie del extraordinario relieve: “El Rey”.

La jerarca de la Cañada de la Virgen, una osamenta antiquísima, fue siempre conocida como “El Jerarca”. Gracias a los estudios de ADN, hoy sabemos que es mujer, pero a pesar de que han pasado 15 años de la confirmación del sexo femenino, en el propio Museo de Sitio sigue diciendo: “El Jerarca”.

El famoso “Hombre de Tepexpan” es mujer y el internet aclara que, a pesar de ello, sigue siendo un vestigio crucial para entender el poblamiento temprano del Valle de México.

La lista es interminable, nos urge una ciencia con perspectiva de género.

La sexta mujer del conjunto que hoy se inaugura, Malintzin, fue denigrada por siglos desde una visión profundamente misógina y contraria al concepto que de ella guardan los pueblos originarios.

Hoy día el capítulo “Los hijos de Malintzin”, de El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, en el que se afirma que “los mexicanos son sumisos, inseguros, acomplejados e hijos de la chingada”, suena más a una autobiografía de la élite intelectual de la época que a un análisis del ser del mexicano.

Hoy resuenan fuertemente las palabras de la gran Rosario Castellanos, cuando afirmó “que los hombres que han construido la sociedad actual no están satisfechos ni plenamente realizados en ella; y, por lo tanto, las mujeres no deberían aspirar a igualarse a ellos en su frustración”.

¿Qué dirían estas ancestras gobernantas de los señoros imperiales de hoy?

Intervencionistas, neoconservadores duros, halcones de guerra, neofascistas, cristianos supremacistas, xenófobos y segregacionistas, en el fondo: hombres frustrados.

Y, en contraste, aquí están estas grandes mujeres:

De pie, como las ceibas del principio del tiempo.

De pie, en las cuatro esquinas del mundo, y en el centro estas seis mujeres de hierro.

De pie, como la tierra sembrada de sueños.

De pie, como las selvas, las altas montañas.

Las hijas de las hijas de las primeras madres, aquí siguen.

Las mujeres de todos los colores, aquí siguen.

Las mujeres de todos los sexos, aquí siguen.

Las hembras de todas las especies, aquí siguen.

Las hijas de las hijas de las primeras madres, aquí siguen, sosteniendo el mundo.

Gracias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *