#Nacionales.-MODERADORA: Estimado público, escuchemos el mensaje que nos dirige la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo.
PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: Muy buenos días a todos, a todas.
Maestra Victoria Rodríguez Ceja, gobernadora del Banco de México.
Diputado Sergio Gutiérrez Luna, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.
Senador Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores.
Saludo también a los subgobernadores y subgobernadoras del Banco de México.
A la presidenta del Inegi.
A Emilio Romano, presidente de la Asociación de Bancos de México.
A todos los presentes de la banca en México.
A todas y todos los trabajadores que son parte de esta gran institución.
Estaba pensando, antes de leer, decir que: 100 años del Banco de México debemos felicitarnos todos, por tener hoy un sistema financiero robusto, sólido, una inflación controlada y una moneda fuerte.
Un aplauso a todos los que forman parte del Sistema Financiero Mexicano.
Hoy celebramos una fecha importante para nuestra nación: los primeros 100 años de vida del Banco de México.
Hace un siglo, en medio de un país que buscaba consolidar su estabilidad tras la Revolución Mexicana, se tomó la decisión de fundar una institución que diera confianza, certidumbre y rumbo a la naciente economía mexicana. Fue una decisión visionaria que ha rendido frutos durante generaciones.
El Banco de México ha sido guardián de estabilidad y garante de nuestra soberanía económica. Su autonomía, su rigor técnico, han permitido enfrentar tiempos de incertidumbre, crisis internacionales y transformaciones profundas en el orden económico mundial.
Su labor no solo es técnica, sino profundamente social: mantener el poder adquisitivo de las familias y proteger a quienes menos tienen de los estragos de la inflación.
La estabilidad de precios es condición necesaria para que las familias mexicanas mantengan el poder adquisitivo de sus ingresos y no disminuyan sus ahorros en términos reales.
En este sentido, controlar la inflación no es solo una tarea técnica, es un acto profundamente social; porque cuando los precios se descontrolan quienes más sufren son los hogares de menores ingresos, que destinan la mayor parte de su presupuesto a la alimentación en productos de la canasta básica.
Además del control de la inflación, ha ayudado mucho —y del Banco de México, por supuesto—, ha ayudado mucho este acuerdo voluntario que se ha tomado entre productores y comercializadores del Paquete Contra la Inflación y la Carestía, que se ha ido actualizando semestre con semestre.
La conducción de la política monetaria exige responsabilidad, visión de futuro y sensibilidad social. En un entorno global, marcado por la incertidumbre, por la nueva política arancelaria del gobierno de los Estados Unidos, las decisiones del Banco de México han contribuido a mantener un entorno económico estable que protege el ingreso de las familias mexicanas y genera condiciones propicias para el desarrollo productivo.
Esa estabilidad ha sido clave para impulsar la inversión, fomentar el empleo formal, reducir la volatilidad del tipo de cambio y mantener finanzas públicas sostenibles.
Desde 2018, México vive un nuevo gobierno, una Transformación.
La realidad mostró que muchas de las máximas que se mantuvieron durante años no fueron tales. Por ejemplo, subió el salario mínimo y no hubo inflación, y tampoco disminuyó la inversión extranjera directa.
Importantes decisiones recientes del Banco de México, como bajar la tasa de interés, no ha provocado aumento en la inflación, algo que en años previos quizá no se hubiera imaginado.
En los últimos años hemos demostrado que es posible el desarrollo con justicia, que el bienestar puede y debe ser el centro de la política económica. El aumento histórico al salario mínimo y los nuevos derechos sociales han permitido reducir la pobreza y disminuir la desigualdad, a diferencia del pasado, cuando la política económica favorecía la concentración de la riqueza y, con ello, la generación de pobreza.
Estos avances sociales y laborales se sostienen en un marco de estabilidad económica con la autonomía del Banco de México.
Y es aquí donde la autonomía no necesariamente significa descoordinación; al contrario, ha habido coordinación entre Banco de México, Secretaría de Hacienda y también la banca privada, lo que ha permitido una solidez económica y financiera a nuestro país, y eso hay que reconocérselo a todos; respetando la autonomía, manteniendo las finanzas públicas responsables, un sistema financiero sólido y un entorno de confianza para la inversión productiva.
Ahora, vale la pena, ya que estamos cumpliendo 100 años del Banco de México, digo “estamos” porque es una institución de la nación, lanzar algunos retos:
Uno que tenemos como país, todo el Sistema Financiero, Banco de México, Hacienda, la banca privada, la banca de desarrollo, es hacer más competitivo y accesible nuestro Sistema Financiero; porque México es entre las principales economías de América Latina y del mundo de los países que menos crédito otorgar en proporción a su Producto Interno Bruto.
Esto significa que millones de familias, emprendedores y pequeñas empresas enfrentan enormes dificultades para acceder al financiamiento. Y sin crédito suficiente, el desarrollo productivo se frena, la innovación se limita y la desigualdad puede profundizarse.
La tarea es clara para todas y para todos, me incluyo como Presidenta: necesitamos ampliar el acceso a créditos responsables que impulsen a las pequeñas y medianas empresas, a los emprendedores y a las familias trabajadoras.
El financiamiento debe dejar de ser un privilegio y convertirse en un motor del desarrollo incluyente. Un país con baja inflación, pero sin crédito suficiente, es un país que se queda corto en su potencial de crecimiento.
En este sentido, el reto de crecer con bienestar está enmarcado en la propuesta que planteé hace ya algunos meses, cuando entramos al gobierno: el Plan México; producir más lo que se consume en nuestro país, mantener la estabilidad macroeconómica con la autonomía del banco, mayor inversión pública y privada, a partir también el fortalecimiento del mercado interno.
Un esfuerzo que requiere la participación conjunta de la banca mexicana, de la Secretaría de Hacienda y de Banco de México.
Se trata de impulsar el crédito de manera responsable, orientado a la inversión productiva, al fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas, al consumo interno y a la generación de empleos dignos.
Durante décadas, hemos sido una economía de exportación fuerte, en distintos sectores, por ejemplo, la industria automotriz o una parte de la agroindustria. Esto nos ha dado estabilidad y empleo.
Ahora, hay que plantearse hoy: es importante complementar esta fortaleza y más frente a la situación internacional con un mercado interno más dinámico, impulsar el consumo, el crédito responsable y la inversión nacional para que la prosperidad llegue a más regiones y a más familias mexicanas.
Lanzo otro reto, otro desafío: la digitalización y el acceso a internet. El mundo financiero se transforma aceleradamente y México no puede quedarse atrás. La innovación tecnológica en sistemas de pago, en servicios bancarios y en inclusión digital debe ponerse al servicio de la gente, de las y de los jóvenes, de las mujeres y a quienes durante décadas han quedado al margen del Sistema Financiero.
El reto entonces es doble o triple: garantizar estabilidad y baja inflación, pero al mismo tiempo, fortalecer un crecimiento con justicia que implique más financiamiento responsable, mayor productividad, disminución de la pobreza, reducción de la desigualdad. Es algo en lo que el Banco de México, el Gobierno de la República, la banca de desarrollo y la banca privada debemos ponernos de acuerdo para seguir avanzando.
Hoy, al conmemorar este Centenario, reconocemos el gran legado del Banco de México como garante de estabilidad, pero también miramos hacia adelante, hacia un México donde la estabilidad se traduzca en más desarrollo y más bienestar.
Felicito a todas y a todos los que forman parte de esta gran institución.
Felicidades, Victoria, gobernadora del Banco de México, primera gobernadora del banco.
El Banco de México seguirá siendo pilar de nuestra fortaleza económica en el futuro.
Muchas felicidades a todas y a todos.
Muchas gracias.
MODERADORA: A continuación, la gobernadora del Banco de México, maestra Victoria Rodríguez Ceja, hace entrega de la Moneda Conmemorativa del Centenario del Banco de México, a la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo.
(ENTREGA DE MONEDA CONMEMORATIVA)
MODERADORA: Procedemos con la develación de la placa del 100 Aniversario de la Fundación del Banco de México, a cargo de la Presidenta de los Estados Unidos Mexicanos, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo; la gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja, e integrantes del presídium.
(DEVELACIÓN DE PLACA)
MODERADORA: Se lleva a cabo la toma de fotografía oficial.
(TOMA DE FOTOGRAFÍA OFICIAL)
MODERADORA: Preside este evento conmemorativo de los 100 Años de la fundación del Banco de México, la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo.
La acompañan:
La gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja.
El secretario de Hacienda y Crédito Público, Edgar Amador Zamora.
La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez Velázquez.
El presidente del Senado de la República, José Gerardo Fernández Noroña.
Y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Carlos Gutiérrez Luna.
Asimismo, damos la bienvenida a representantes de los medios de comunicación y a todos loS que nos siguen a través de las redes sociales.
Sean todas y todos ustedes bienvenidos.
Procedemos con el mensaje del secretario de Hacienda y Crédito Público, maestro Edgar Amador Zamora.
SECRETARIO DE HACIENDA Y CRÉDITO PÚBLICO, EDGAR AMADOR ZAMORA: Con su permiso, señora Presidenta, señora gobernadora.
Muy buenos días a todas y a todos.
Saludo con respeto a la Presidenta de la República, cuya conducción firme y decidida ha permitido consolidar un entorno de estabilidad y bienestar para nuestro país.
Extiendo también un cordial saludo a la gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja; igualmente, al presidente del Senado, al presidente de la Cámara de Diputados, secretaria de gobernación.
Es para mí un privilegio tomar la palabra, en representación de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en esta ceremonia conmemorativa del centenario de nuestro banco central.
Esta ocasión tiene, además una nota personal muy particular: antes de llegar a la Secretaría de Hacienda tuve la oportunidad de formar parte del equipo del Banco de México. Esta etapa fue una escuela excepcional en lo técnico y en lo institucional, especialmente por coincidir con un contexto en el que el banco debió afrontar el resurgimiento global de la inflación luego de la pandemia.
Hoy, desde el ámbito de la política fiscal y la gestión macrofinanciera, valoro aún más esa labor. Estoy convencido que la estabilidad económica del país reposa sobre la complementariedad entre Hacienda y Banco de México, en un marco de respeto a la autonomía y de colaboración permanente.
La historia del Banco de México es distinta a la de otros emisores centrales, en tanto que es uno de los resultados de la discusión del Constituyente de 1917 y, por tanto, surge del intenso proceso social de la Revolución Mexicana.
El país, que busca en ese momento reconstruir su economía afectada por los efectos de la lucha armada, ubica en la discusión constitucional el rol del emisor central con el fin de concentrar en el Estado la capacidad de emisión monetaria, la cual residía en aquel momento en la banca comercial.
La creación del Banco de México puede verse entonces como un decidido acto de soberanía, por parte del Estado, surgido de la Revolución Mexicana, que sienta las bases para el resurgimiento y la posterior consolidación de la economía nacional.
La historia del Banco de México es, en efecto, la historia del fortalecimiento del Estado mexicano moderno.
Desde su fundación, en 1925, enfrentó desafíos monumentales, poner orden en un sistema monetario fragmentado, restaurar la confianza en la moneda nacional y acompañar el proceso de reconstrucción económica después de la Revolución.
Con el paso de las décadas asumió nuevas funciones: tales como banco de emisión, banco de bancos, de agente financiero del Gobierno Federal, en un proceso continuo de consolidación institucional.
Durante ese trayecto, y muy especialmente durante su etapa inicial, la coordinación con Hacienda fue determinante: mientras el Banco estabilizaba la moneda y fomentaba el desarrollo de un sistema financiero funcional, la Secretaría fortalecía las finanzas públicas, organizaba la política de deuda y creaba las bases para la inversión pública en infraestructura. Esa sinergia permitió financiar procesos de industrialización, expandir el crédito productivo y sostener largos periodos de crecimiento económicos con estabilidad.
No obstante, la experiencia de los años ’70 y ’80 dejó lecciones muy importantes. México vivió episodios de muy elevada inflación, desequilibrios externos y crisis de deuda.
Lo aprendido fue claro: la estabilidad macroeconómica se construye con instituciones sólidas, disciplina fiscal, autonomía monetaria y un marco de responsabilidades definidas y complementarias.
A partir de la reforma constitucional de 1994, se delimitó con precisión el mandato prioritario: preservar el poder adquisitivo de la moneda. Esta autonomía no solo dio claridad a la política monetaria, sino que también implicó el tránsito hacia un régimen de tipo de cambio flexible, más adecuado para una economía abierta, con libre movilidad de capitales.
A partir de entonces, la Secretaría de Hacienda asumió plenamente la conducción de la política fiscal y el Banco de México pudo enfocar sus instrumentos al control de la inflación. Se inauguró, así, una etapa de corresponsabilidad: sin disciplina fiscal no hay estabilidad de precios sostenibles y sin estabilidad de precios no hay crecimiento con bienestar.
Esta responsabilidad conjunta ha dado resultados tangibles: México ha logrado preservar déficits moderados, mantener niveles de deuda pública sostenibles y responder con eficacia a choques externos sin comprometer la estabilidad macroeconómica.
El ancla nominal ha sido la credibilidad en la política monetaria y fiscal, y el compromiso institucional ha sido firme y compartido.
Un ejemplo que ilustra bien esta coordinación fue la respuesta a los recientes choques inflacionarios globales: mientras el banco ajustaba su postura monetaria con independencia y determinación; Hacienda activó medidas fiscales extraordinarias para contener el alza de los precios de los combustibles, evitando así que la inflación se desbordara y protegiendo de esta manera el ingreso real de los hogares mexicanos.
Esta sintonía ayudó a reducir la volatilidad, proteger a la población más vulnerable y facilitar la convergencia de la inflación al objetivo.
Pero más allá de los logros recientes, es fundamental mirar hacia adelante.
Banco de México, además de su mandato de estabilidad de precios, tienen la facultad de asesorar al Gobierno Federal en temas económicos.
En este contexto de creciente complejidad, su voz técnica es cada vez más relevante. Invitamos respetuosamente al Banco a ejercer esa atribución con visión estratégica como actor clave en la formulación de una política económica integral.
Estamos en una etapa especialmente compleja en donde un conjunto inédito de desafíos sacuden al ciclo económico; la inflación global está siendo moldeada por una sucesión de factores estructurales, disrupciones geopolíticas, fragmentación comercial, transformación energética, cambio climático y episodios de mayor volatilidad en los precios de materias primas.
Enfrentar esa nueva realidad exigirá una comprensión más amplia de los mecanismos de transmisión monetaria y reflexionar sobre los alcances y utilidad de los marcos analíticos tradicionales, con el fin de mantener la estabilidad sin afectar el desarrollo económico de largo plazo.
Por otro lado, la digitalización del Sistema Financiero, el desarrollo de nuevas tecnologías de pago, la evolución del ahorro y la transición a las economías bajas en carbono nos obligan a repensar los marcos regulatorios y de supervisión.
En estos procesos, la colaboración entre el Banco de México, la Secretaría de Hacienda y otras autoridades financieras será clave para garantizar que la innovación esté al servicio del bienestar y no se traduzca en nuevas fuentes de desigualdad o inestabilidad.
Hoy celebramos el primer siglo de existencia del Banco de México. Debemos de estar muy orgullosos como país de que esta efeméride nos encuentre simultáneamente con la primera Presidenta y la primera gobernadora en la historia nacional.
Para mí, en lo particular, haber compartido responsabilidades en ambas instituciones es un gran honor personal. Soy testigo de que nuestras trayectorias institucionales se entrelazan confluyendo hacia un México más justo, estable y próspero.
Bajo la conducción de la Presidenta de la República, nuestro país avanza con claridad en medio de un entorno complejo con estabilidad macroeconómica y con instituciones que inspiran confianza.
Desde la Secretaría de Hacienda reiteramos nuestro compromiso de mantener el diálogo respetuoso con el Banco de México, porque solo con instituciones fuertes y unidad de propósito podemos construir un futuro de bienestar compartido.
Muchas gracias.
Y feliz cumpleaños al Banxico.
MODERADORA: A continuación, hace uso de la palabra la gobernadora del Banco de México, maestra Victoria Rodríguez Ceja.
GOBERNADORA DEL BANCO DE MÉXICO, VICTORIA RODRÍGUEZ CEJA: Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, muchas gracias por estar aquí.
Maestro Edgar Abraham Amador Zamora, secretario de Hacienda y Crédito Público, lo recordamos también con mucho cariño, por su paso en el banco.
Licenciada Rosa Icela Rodríguez Velázquez, secretaria de Gobernación, muchas gracias.
Senador Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Cámara de Senadores, senador.
Diputado Sergio Gutiérrez Luna, presidente de la Cámara de Diputados.
Señoras y señores:
Es un placer darles la bienvenida a todas y todos los que nos acompañan en esta fecha memorable para el Banco de México y para nuestro país.
Hoy, hace 100 años, nuestra institución abrió sus puertas al público, y desde entonces ha venido consolidándose como un pilar de certidumbre y desarrollo para la nación.
La existencia de un banco central que emita la moneda nacional y respalde sus funciones como medio de pago, depósito de valor y unidad de cuenta, constituye un pilar esencial para el desarrollo sostenible de cualquier economía.
Por ello, la apertura del Banco de México, en 1925, representó la concreción de esa aspiración largamente anhelada, que puede remitirse a los primeros años de la Independencia, de que nuestra nación contara con una instancia capaz de brindar orden y certeza a la emisión de dinero y sentara las bases para un desarrollo más sólido.
Uno de los obstáculos que en el siglo XIX limitaron el desarrollo económico y social en México como nación independiente fue la falta de un sistema de emisión monetaria extendido y confiable. Esta tarea estaba segmentada entre diversos bancos privados, cuya emisión en muchos casos tenía un alcance solamente local. Esto restringía, sin duda, la eficacia del sistema monetario fragmentaba los mercados e impedía la consolidación del uso del dinero fiduciario en la población.
Con el surgimiento de la Revolución Mexicana, en 1910, el frágil sistema bancario colapsó y se vio en la necesidad de replantearse. Las distintas facciones comenzaron a producir su propia moneda, fragmentando aún más la emisión y distribución de circulante, minando la propia confianza que existía en el dinero fiduciario.
A la luz de esta experiencia de inestabilidad e inflación, se hizo aún mayor la necesidad de un banco único de emisión.
Por ello, como ya lo decía el secretario de Hacienda, los constituyentes de 1917, plasmaron en el artículo 28 de la Carta Magna: el mandato de concentrar en una sola institución un banco central, auspiciado por el Gobierno Federal, la facultad exclusiva de acuñación de moneda y emisión de billetes que ayudara a generar la confianza necesaria para una nueva etapa de estabilidad en el país.
El objetivo de constituir un banco central todavía demoró varios años para su concreción debido a los debates para la definición de su estructura institucional y naturaleza jurídica, así como la dificultad para reunir los fondos que permitieran concretarlo.
Fue a mediados de la década de los ‘20 que se lograron reunir los recursos para ponerlo en marcha.
Y el 25 de agosto de 1925, justamente hace 100 años, se publicó la Ley Constitutiva del Banco de México. Y, posteriormente, el 1º de septiembre de ese año, inició el Banco de México sus operaciones.
A inicios del siglo pasado, nuestra naciente institución enfrentó diversos desafíos, como: el estado rudimentario del Sistema Financiero Mexicano, las graves crisis financieras mundiales, en particular la Gran Depresión, y desde luego, el arraigado escepticismo de la población hacia el uso del dinero fiduciario.
En los años posteriores, el Banco de México logró restituir gradualmente la confianza de la población en la moneda nacional, instituyendo normas estrictas para su emisión e implementando garantías para su respaldo y convertibilidad adecuadas a las circunstancias de ese momento histórico, como su equivalencia en metales preciosos o el establecimiento de un tipo de cambio con el dólar.
Igualmente, mediante diversas iniciativas, el Banco de México contribuyó, de manera significativa, a sentar las bases para la consolidación de un sistema financiero moderno y para el establecimiento del sistema de pagos.
Así, el Banco participó en la construcción de un marco y una regulación que permitiera el desarrollo de la banca comercial moderna, así como el surgimiento de la banca de desarrollo.
De igual forma, el Banco comenzó una tarea pionera para recopilar estadísticas, establecer sistemas de información y realizar investigaciones que permitieran evaluar los potenciales e impulsar el crecimiento de la economía mexicana. Desde entonces, ha sido fuente de datos indispensables para la mejor toma de decisiones de los actores económicos.
Luego de que en sus primeras décadas de existencia el instituto central lograra su consolidación y reafirmara la confianza en el dinero fiduciario, hacia mediados de los ‘50 el banco central logró mantener una inflación baja y estable durante un periodo prolongado. Ese factor fue determinante para que a lo largo de poco más de 3 lustros México experimentara una etapa de crecimiento dinámico y sostenido, conocida como “el desarrollo estabilizador”.
Hacia finales de los ’60 y principios de los ’70, la economía comenzó a exhibir límites y acumular desequilibrios, principalmente en forma de déficit comerciales y fiscales, que llevaron a sucesivas crisis en las décadas de los ’70 y ’80.
Estas crisis, que no fueron exclusivas de nuestro país y se replicaron en muchas naciones emergentes, llevaron a episodios de hiperinflación en diversas regiones. La evidencia emanada de la experiencia de varios de estos países mostró que la política monetaria es capaz de influir en promover la estabilidad de precios, lo que a su vez es una condición necesaria para preservar el poder adquisitivo del dinero y brindar certidumbre para planear la producción e inversión.
Todo ello facilita una planeación económica y financiera con un horizonte temporal más amplio, que ayuda a orientar de manera eficiente los recursos, a emprender proyectos con mayor rentabilidad social y a proteger más adecuadamente los ingresos y el patrimonio de las personas.
De ahí, el extendido consenso internacional en torno a la conveniencia de mantener dentro del Estado una institución orientada a preservar la estabilidad de precios y con ello procurar una de las condiciones básicas para cualquier proceso de crecimiento económico vigoroso, sostenible y equitativo.
Para 1993, el Constituyente realizó una reforma al artículo 28 de la Constitución, que entró en vigor en 1994, para otorgarle autonomía al Banco de México y encomendarle el objetivo de procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, así como las finalidades adicionales de promover el sano desarrollo del sistema financiero y estimular el buen funcionamiento del sistema de pagos.
Posteriormente, a finales de 1994, se presentó una nueva crisis como consecuencia de los episodios de incertidumbre política en el país y desequilibrios importantes en las cuentas externas, que se sumó a la creciente dependencia de capitales de corto plazo y los aumentos de las tasas de interés en Estados Unidos.
Ante la fuerte devaluación del peso y una tasa de inflación de más de 50 por ciento, en diciembre de 1994, el Banco de México respondió con una enérgica restricción monetaria en línea con el mandato de estabilidad de precios. Sin embargo, ante el agotamiento de las reservas internacionales, en diciembre de ese mismo año, se puso fin al régimen de cambio fijo que el país había adoptado por décadas.
Esta medida redundó finalmente en una mayor flexibilidad de la economía para ajustarse a eventuales choques y permitió formular la política monetaria de forma más independiente, sin estar subordinada a consideraciones cambiarias o de flujos de capital.
Tras la crisis de 1994, la política monetaria se orientó a la restauración de mercados financieros ordenados y a la reducción de la volatilidad del tipo de cambio.
Además, el Banco de México adoptó un objetivo monetario visible que buscaba que las expectativas inflacionarias convergieran con las proyecciones de la institución. Esta estrategia coincidía en lo fundamental con un nuevo paradigma internacional en la conducción de la política monetaria surgido en los años ‘90 y denominado “Régimen de Metas de Inflación”.
Dicho modelo basa su efectividad, en gran parte, en la comunicación clara de las metas inflacionarias, la divulgación de métodos y procedimientos para alcanzarlas y la estricta rendición de cuentas sobre los resultados.
El Banco de México fue incorporando gradualmente diversos elementos de este régimen, hasta que lo adoptó formalmente, a partir del año 2001.
En lo referente a sus funciones de promover el sano desarrollo del sistema financiero y promover el sistema de pagos, el Banco de México ha jugado un papel importante para modernizar la regularización que promueve un sistema financiero más sólido y saludable ante cualquier eventualidad.
Igualmente, mediante la promoción de la mayor competencia, transparencia y protección al consumidor, el Banco incentiva la oferta de más y mejores servicios financieros que alcancen a mayores segmentos de la población.
La conjunción de estas políticas ha permitido sortear con éxito circunstancias tan difíciles: como la crisis financiera global de 2008 o las agudas presiones inflacionarias derivadas de la combinación de choques externos y domésticos que se presentaron, entre 2014 y 2017.
Más recientemente, en 2021, el Banco afrontó uno de los entornos más desafiantes en las últimas décadas, caracterizado por inéditas presiones inflacionarias surgidas de las secuelas de la pandemia, los conflictos bélicos en diversos frentes y las disputas comerciales.
Ante las presiones inflacionarias globales de principios de esta década, el Banco tomó medidas sin precedentes que implicaron un apretamiento monetario significativo por un largo periodo.
Entre, marzo de 2023 y marzo de 2024, se mantuvo un nivel máximo de la tasa de interés en 11.25 por ciento. Esa restricción contuvo las presiones, logró mantener el anclaje de las expectativas de inflación de mayor plazo y, posteriormente, coadyuvó al avance del proceso desinflacionario de la economía nacional.
A partir de esta nueva circunstancia, a principios de 2024, se inició un ciclo de reducciones en la tasa de referencia y durante la primera mitad de 2025, implementamos un proceso de calibración de la postura monetaria con reducciones de mayor magnitud para llevarla a un nivel congruente con las condiciones y retos actuales.
Para dar continuidad al ciclo de recortes, y ante la evolución de los determinantes de la inflación, redujimos en 25 puntos base la tasa de referencia, en nuestra más reciente reunión, y comunicamos que hacia adelante se valorarán recortes adicionales.
Las acciones que se implementen serán tales que la tasa de referencia sea congruente con la trayectoria requerida para alcanzar nuestro objetivo principal e indeclinable: propiciar la convergencia ordenada y sostenida de la inflación general a la meta de 3 por ciento, en congruencia con el mandato de estabilidad de precios, y así, contribuir al bienestar de la población.
La máxima transparencia y la más estricta rendición de cuentas resultan indispensables para mejorar la eficacia y el impacto positivo de las políticas de la institución.
En este sentido, desde mediados de los ‘90, el Banco de México ha multiplicado las tareas de difusión y comunicación, y se han adoptado nuevas tecnologías para difundir datos relevantes que permiten a los agentes económicos dar mejor seguimiento a las acciones del banco central; igualmente, el Banco optimiza y actualiza permanentemente sus herramientas para la conducción de la política monetaria y su comunicación con el público.
Así, el Banco de México, mediante los informes periódicos, los anuncios de política monetaria o las minutas detalladas de su toma de decisiones, entre muchos otros instrumentos de divulgación, se somete a un detallado escrutinio social, a partir de los que se puede seguir y evaluar la labor del banco central y sus resultados.
La política monetaria enfocada en la procuración de la estabilidad de precios, así como en promover el sano desarrollo del sistema financiero y de pagos, ha generado logros palpables para la población.
A diferencia de episodios del pasado, recientemente hemos tenido niveles inflacionarios cada vez más en línea con la meta permanente, esto contribuye a que los agentes económicos puedan planear con mayor certidumbre sus decisiones de inversión, producción o consumo.
Este entorno también ha contribuido a la profundización del Sistema Financiero Nacional, lo que ha permitido el desarrollo del mercado de bonos de valores gubernamentales de mayor plazo y a costos financieros más bajos a través de menores expectativas de inflación, así como menores primas de riesgo inflacionario.
Gracias a esto, por mencionar un ejemplo, hoy es posible acceder a créditos hipotecarios con condiciones de interés y plazos impensables hace unas cuantas décadas.
La estabilidad de precios que se ha venido consolidando contribuye a que muchas decisiones de largo alcance para las familias; desde la formación de un patrimonio hasta la programación de la educación de los hijos, se planifiquen con mayor certidumbre.
Igualmente, los ingresos de las y los trabajadores mantienen su poder adquisitivo sin variaciones bruscas, lo que les permite maximizar y planear de mejor manera su consumo, beneficiándose particularmente las familias de menores ingresos.
En lo que atañe al Sistema Financiero, se ha consolidado un sistema robusto y bien capitalizado, capaz de resistir diversas eventualidades o choques externos.
Igualmente, aunque aún falta por avanzar, se han abierto cada vez más alternativas de servicios y se busca promover permanentemente la inclusión financiera e incentivar la oferta de mayores y mejores productos financieros acordes a las necesidades de los distintos sectores de la población.
Continuamos consolidando las condiciones e incentivos idóneos para que, aprovechando los nuevos potenciales de la tecnología, el sistema financiero respalde la iniciativa y el talento de las y los mexicanos, y detone la movilidad y el progreso social.
En lo que se refiere al sistema de pagos, hoy la mayoría de los mexicanos dispone de opciones —antes restringidas solo a las operaciones de alto valor— para realizar sus transacciones, cualquiera que sea el monto, de manera expedita, segura y a bajo costo.
En suma, la tarea del Banco de México no solo se ve reflejada en estadísticas, sino en beneficios concretos en el trabajo cotidiano y en la economía de millones de personas.
Más allá de sus encomiendas principales, el Banco de México está presente de muchas maneras en el imaginario y la identidad de las y los mexicanos.
Por ejemplo, gracias a una tradición numismática de excelencia, se han creado signos monetarios no solo utilices, seguros y eficientes, sino bellos, y con los que la población ha establecido profundos vínculos afectivos.
Por mencionar únicamente algunos de los más recientes: nuestros billetes de 100 pesos que contienen las imágenes de Sor Juana Inés de la Cruz y la mariposa monarca; o los de 50 que contienen la imagen de la Fundación de Tenochtitlán y el famoso ajolote; no solo han ganado reconocimientos internacionales, sino el apego y cariño del público.
Señoras y señores:
A 100 años de su fundación, el Banco de México constituye un pilar de estabilidad y desarrollo para nuestro país.
Nuestras fortalezas más valiosas son la credibilidad y la confianza que la sociedad nos otorga. Estas fortalezas se han construido gradualmente a través de nuestros 100 años de historia y se basan en la capacidad, el compromiso, la honestidad y la lealtad a México con que se han desempeñado millares de mujeres y hombres que han laborado en esta institución.
Más allá de su ámbito de actividad, las y los empleados del Banco de México de diversas generaciones, han compartido la profunda identificación con los valores y los propósitos de la institución.
Quienes hoy tenemos el honor de trabajar para el Banco de México asumimos con gran compromiso la responsabilidad de servir a nuestro país.
Sin duda, continuaremos empeñando todo nuestro esfuerzo en cumplir eficientemente los objetivos que nos encomienda la nación, así como afianzando la confianza que la población deposita en el Banco de México.
De esta manera, podremos contribuir a mejorar de manera continua y sostenible el nivel de vida de todas y todos los mexicanos.
Muchas gracias.