#Tampico.- #Tamaulipas.- lleva casi 70 años sin sufrir el impacto directo de un huracán. Junto con Madero y Altamira, forma parte de una zona que pasó de ser epicentro de la tragedia —con el devastador paso del ciclón Hilda— a convertirse en una región aparentemente inmune a los monstruos meteorológicos que destrozan ciudades y cobran vidas.
Desde entonces, no han sido pocos los ciclones que avanzaron con fuerza hacia sus costas. Pero justo cuando el impacto parecía inevitable, cambiaron misteriosamente de rumbo. Esta constante dio forma a una leyenda urbana que ha cruzado fronteras: la creencia de que la conurbación está protegida por seres extraterrestres. Algunos aseguran que, frente a la escollera de playa Miramar, donde el río Pánuco desemboca en el mar, se oculta una ciudad alienígena.
En 1966, cientos de voces se alzaron al cielo en ese rincón del Golfo de México, implorando que jamás se repitiera la pesadilla que once años atrás marcó sus vidas. Fue entonces cuando ocurrió lo que se considera el origen del mito: el huracán Inés, con rumbo directo y fuerza devastadora, se desvió sorpresivamente, como si una fuerza invisible hubiera escuchado los rezos de quienes se reunieron en la playa.