Versión estenográfica. 109 Aniversario de la Constitución de 1917. Querétaro, Querétaro

Versión estenográfica. 109 Aniversario de la Constitución de 1917. Querétaro, Querétaro

#Nacionales.- PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: Buenos días a todas, a todos.

Licenciado Mauricio Kuri, gobernador constitucional del estado de Querétaro.

Senadora Laura Itzel Castillo, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores.

Diputada Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar Ortiz.

General secretario, Ricardo Trevilla Trejo.

Almirante secretario, Raymundo Pedro Morales Ángeles.

Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, gobernadoras, gobernadores.

A todo el Gabinete.

A todas y a todos los presentes.

Amigas y amigos.

Mexicanas y mexicanos.

Hoy se conmemora el 109 Aniversario de la Promulgación de la Constitución de 1917. Y hoy que se conmemora, afirmamos que México nació de la lucha del pueblo, de mujeres y hombres visionarios, de verdaderos héroes y heroínas, que se atrevieron a desafiar al poder, a la injusticia y al destino impuesto.

La historia de México no es la historia de la obediencia, es la historia de la dignidad. Es la historia de un pueblo que ha luchado siempre por la soberanía, por la libertad, por la democracia, por la justicia social y por su dignidad.

Desde el inicio, la patria fue una causa popular, no fue un acuerdo entre élites ni una concesión graciosa del poder; fue una insurgencia.

Cuando Miguel Hidalgo levantó la voz por la independencia, exclamó: “Compatriotas, no hay rey ni tributo. Ha llegado la hora de la libertad. En pocas horas me veréis marchar como los hombres que se enorgullecen de ser libres. Sin patria ni libertad, no puede haber felicidad”.

En ese instante, que conmemoramos como el nacimiento de nuestra Independencia, despertó el espíritu de la nación. Ahí comenzó la lucha por un México soberano y libre. En ese grito que atravesó el tiempo, nació la esperanza profunda de un pueblo decidido a forjar su propio destino.

Y cuando unos días después, el Padre de la Patria abolió la esclavitud y con ello, proclamó que ningún ser humano podía ser tratado como mercancía en esta tierra, surgieron verdades más grandes en la lucha de nuestro pueblo: la justicia y la dignidad.

Cuando José María Morelos dio forma al proyecto insurgente en los Sentimientos de la Nación y en la Constitución de Apatzingán, dejó claro que la soberanía dimana del pueblo, que la ley debe proteger al débil, que debe moderarse la indigencia y la opulencia, y que el fin último del gobierno es la felicidad del pueblo.

Con el triunfo de la independencia y la proclamación de Iturbide como emperador, Los Independentistas reaccionaron: el pueblo mexicano no luchó para cambiar de amo.

Con ello, se afirmó la democracia y el principio republicano.

Es así que la primera Constitución, la de 1824, surge tras la primera gran revolución de nuestra historia: la de Independencia.

Su contenido estableció la separación de Poderes, reconoció a las entidades federativas como libres y soberanas en su régimen interior y sentó las bases de un Estado nacional que rompía con el absolutismo monárquico heredado del Virreinato.

Pero la libertad política no fue suficiente mientras persistieron los privilegios heredados de la Colonia. Gobiernos conservadores sin amor por México, la desigualdad y discriminación como herencia fueron los que pusieron, a mediados del siglo XIX, que México viviera una segunda revolución: la Reforma liberal.

De ese proceso surge la Constitución de 1857, una Constitución profundamente revolucionaria para su tiempo. Enfrentó directamente al poder conservador, al poder clerical y a las estructuras que impedían la igualdad jurídica.

La Constitución de 1857 consagró las libertades individuales: la libertad de expresión, de asociación, de enseñanza, de trabajo.

Estableció con claridad la igualdad de todas las personas ante la ley y afirmó el principio de laicidad del Estado.

Su contenido fue una declaración contundente: en México no habría fueros ni privilegios por encima de la ley.

Esta Constitución no solo reorganizó al Estado; transformó la relación entre el poder y la sociedad. Por eso fueron combatidos Juárez y Los liberales mexicanos, y por eso mismo fue profundamente revolucionaria.

Sin embargo, la historia nos enseñó que ni la independencia ni las libertades formales bastaban si millones de mexicanos y mexicanas seguían excluidos de la tierra, del trabajo digno y bajo un régimen de corrupción, privilegios, opresión, entreguismo, represión y simulación electoral que significó el porfiriato.

Cuando la injusticia se volvió intolerable, el pueblo volvió a levantarse: la Revolución Mexicana, surgida en 1910.

De ese sacrificio colectivo, de dirigentes sociales inquebrantables y de la lucha contra el intervencionismo, nació el 5 de febrero: la Constitución de 1917, una de las más avanzadas del mundo.

En efecto, la Constitución de ‘17 representa uno de los mayores logros históricos del pueblo de México y un parteaguas en el constitucionalismo mundial, al ser la primera en reconocer que la democracia y la justicia no pueden reducirse a libertades formales, sino que deben traducirse en derechos sociales efectivos.

Fue producto de una insurgencia popular.

Esta Constitución transformó de raíz la relación entre el Estado, la economía y la sociedad, al establecer que la nación es originariamente propietaria de la tierra, el subsuelo y los recursos naturales, sentando las bases para la reforma agraria y la soberanía económica; al consagrar el derecho a la educación pública, laica y gratuita como instrumento de igualdad y construcción nacional; y al reconocer, por primera vez, los derechos laborales de las y los trabajadores, como: la jornada máxima, el salario mínimo, la organización sindical y la seguridad social.

Asimismo, fortaleció el principio de un Estado laico, subordinó el poder económico al interés público, afirmó la rectoría del Estado en el desarrollo nacional y estableció que el bienestar colectivo es una responsabilidad constitucional.

La Constitución de 1917 no solo dio estabilidad a un país devastado por la guerra, sino que expresó un proyecto de nación profundamente social, soberano y democrático, convirtiéndose en una referencia internacional y en el cimiento de las conquistas históricas que permitieron a México avanzar hacia una sociedad más justa, con derechos, dignidad y sentido de nación. Así de profundo.

Lázaro Cárdenas hizo realidad su letra con el reparto agrario y la expropiación petrolera. La soberanía dejó de ser una aspiración y se convirtió en un acto. La nación recuperó el control de sus bienes, y reafirmó que la patria y sus recursos naturales le pertenecen a su pueblo.

Pero tiempo después, la historia volvió a ser torcida durante el periodo neoliberal.

Como en el porfiriato, en nombre de una modernidad excluyente se impuso, durante 36 años, un modelo que debilitó los derechos sociales, privatizó lo común y normalizó la corrupción. Se intentó borrar el sentido social de la Constitución. Millones fueron nuevamente relegados, mientras una minoría acumuló privilegios. Se quiso convencer al país de que la soberanía “era un estorbo” y que la patria era “una palabra vacía”.

Es así que, a diferencia de las Constituciones de 1824, de 1857 y de 1917, que surgieron desde abajo, de las luchas populares, en los 36 años de política neoliberal se aprobaron reformas completamente antipopulares, entreguistas y contrarias al interés público. Vinieron de arriba y en muchos casos del extranjero. Por ejemplo:

Se modificaron artículos esenciales para legislar la venta de empresas públicas, bancos, tierras ejidales, minas.

Se otorgaron concesiones en materia de petróleo, electricidad, telecomunicaciones.

Se privatizaron los ferrocarriles, los puertos, los aeropuertos y hasta las cárceles.

Se limitó la gratuidad de la educación.

Se aumentaron impuestos para la mayoría de los consumidores, mientras se condonaban pagos a grandes contribuyentes.

Se aprobaron leyes para convertir deudas privadas en deuda pública.

Se entregó a particulares el manejo de las pensiones de los trabajadores, y hasta las guarderías del ISSSTE y del Seguro Social.

Se redujo el salario mínimo, como no sucedía desde el porfiriato.

Y con fraudes electorales se instauró como gobierno una democracia simulada, operada y controlada por políticos y tecnócratas afines y dependientes de los grandes poderes económicos.

Por eso, llegó una nueva Transformación.

Una Transformación que nace de los sentimientos del pueblo y de la memoria colectiva; que no busca privilegios, sino acabar con ellos. Una Transformación que recupera el sentido social de la Constitución de 1917, que rescata los derechos del pueblo y que reafirma que la soberanía no se negocia, se defiende.

Desde septiembre de 2024 a diciembre de 2025, ha habido cambios profundos que recuperan el sentido social y la soberanía de la nación, recogidas de la Constitución de 1917 y que fueron decididos por el pueblo de México; que provienen justamente de las luchas populares, por los principios de independencia, soberanía, libertad, democracia, justicia social y dignidad.

Aquí quiero agradecer a senadoras, senadores, diputadas y diputados.

Han sido 22 reformas constitucionales y 50 reformas a leyes secundarias. Menciono algunas de ellas:

1. Reforma al Poder Judicial.

Por primera vez en la historia, establece la elección libre y directa de ministras, ministros, magistradas, magistrados y jueces, erradicando el nepotismo y fortaleciendo la democracia, la justicia para todas y todos, y un verdadero Estado de derecho.

2. Creación e incorporación de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional.

Que define un marco institucional claro para la seguridad pública con disciplina, coordinación y responsabilidad del Estado.

3. Por primera vez en la historia independiente, se reconoce a los pueblos indígenas y afromexicanos como sujetos de derecho público, garantizando su autonomía y derechos colectivos.

4. Reformas a los artículos 25, 27 y 28, y sus leyes secundarias, que revierten la reforma energética de 2013 y recuperan a Pemex y a la CFE como empresas públicas estratégicas del pueblo de México.

5. Reforma al artículo que permite al Estado proveer servicios de internet.

6. Reformas en favor de la igualdad sustantiva de las mujeres.

7. Garantía para la recuperación del ferrocarril público.

8. Reconocer los Programas de Bienestar como derechos constitucionales.

9. Reforma al artículo 123, que reconoce el derecho de las personas trabajadoras a una vivienda digna.

10. Protección y bienestar animal.

11. Sustitución de organismos autónomos por verdaderos órganos técnicos especializados en competencia y telecomunicaciones.

12. Fortalecimiento de la inteligencia para la seguridad pública.

13. Protección de los maíces nativos.

Defiende la soberanía alimentaria y prohíbe la siembra del maíz transgénico.

14. Reformas contra el nepotismo y la reelección inmediata en puestos de elección popular.

15. Reforma a la Ley de Aguas Nacionales para garantizar el derecho humano al agua y recurso natural de la Nación.

16. Reformas a los artículos 19 y 40, que fortalecen la soberanía nacional.

Quiero leerlo para que quede muy claro. Hoy el artículo 40 dice:

El pueblo de México, bajo ninguna circunstancia, aceptará intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero que sea lesivo de su integridad, independencia y soberanía, tales como: golpes de Estado, injerencia en elecciones o la violación del territorio mexicano, sea ésta por tierra, agua, mar o espacio aéreo.

En las próximas semanas se aprobará la semana de 40 horas y su aplicación de manera gradual.

Por ello, hoy, 5 de febrero, en el aniversario de la Promulgación de la Constitución de 1917, afirmamos que la Cuarta Transformación ha recuperado, en mucho, su esencia.

México es el resultado de sus Transformaciones, y cada Transformación dejó su huella en una Constitución, no como letra muerta, sino como expresión viva de la lucha popular. Esa es nuestra historia. Esa es nuestra fuerza y esa es nuestra responsabilidad: defender la patria, cuidar la soberanía y hacer realidad la justicia social para la que tantas y tantos entregaron su vida.

Porque, aunque algunos quisieran lo contrario, México no se explica sin su pueblo noble, valiente y trabajador. Tampoco se explica sin su lucha constante por soberanía e independencia, ni sin su solidaridad hacia otros pueblos, sin su amor por la justicia y por la verdadera democracia, la que representa al pueblo de México.

Por ello, es pertinente recordar la historia y con ello, afirmar que: México no regresará al régimen de privilegios y de corrupción. México tampoco regresará a ser colonia ni protectorado de nadie. Y México no entregará nunca sus recursos naturales.

Por ello, con entereza y fiel a nuestra historia decimos con fuerza: ¡México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende!

¡Que viva la Constitución de 1917!

ASISTENTES: ¡Viva!

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que viva el pueblo de México!

ASISTENTES: ¡Viva!

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que viva México!

ASISTENTES: ¡Viva!

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que viva México!

ASISTENTES: ¡Viva!

PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ¡Que viva México!

ASISTENTES: ¡Viva!

MODERADOR: Preside esta ceremonia del “109 Aniversario de la Promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917”, la Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

MODERADORA: Integran el presídium:

La licenciada Rosa Icela Rodríguez Velázquez, secretaria de Gobernación.

MODERADOR: Licenciado Mauricio Kuri González, gobernador constitucional del estado de Querétaro.

MODERADORA: Senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores.

MODERADOR: Licenciado Hugo Aguilar Ortiz, ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

MODERADORA: Ciudadana Ariadna Montiel Reyes, secretaria de Bienestar.

MODERADOR: Diputada Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

MODERADORA: General Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional y alto mando del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional.

MODERADOR: Almirante Gerardo de Jesús Toledo Guzmán, subsecretario de Asuntos Marítimos y Portuarios, en representación del Almirante secretario de Marina y alto mando de la Armada de México.

MODERADORA: Maestro Jesús Antonio Esteva Medina, secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes.

MODERADOR: Y maestro Mario Delgado Carrillo, secretario de Educación Pública.

MODERADORA: También contamos con la presencia de gobernadoras y gobernadores de las diferentes entidades federativas de la nación.

MODERADOR: Invitados especiales y representantes de medios de comunicación.

Reciban todas y todos la más cordial bienvenida.

MODERADORA: Hace uso de la palabra el licenciado Mauricio Kuri González, gobernador constitucional del estado de Querétaro.

GOBERNADOR DE QUERÉTARO, MAURICIO KURI GONZÁLEZ: Muchas gracias.

Muy buenos días tengan todas y todos ustedes.

Saludo con mucho gusto y le damos la bienvenida a nuestro estado, a la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, Presidenta de los Estados Unidos Mexicanos.

A la senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República.

A la diputada federal Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Al ministro Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

A las ministras y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

A la jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

A las y a los gobernadores.

A las y a los senadores de la República.

Diputadas y diputados federales.

A mi esposa, Carmen María; a mis hijos Car, Sabi, Mau; por supuesto, a mi nuera Daniela.

A la licenciada Rosa Icela Rodríguez Velázquez, secretaria de Gobernación del Gobierno de México.

Al General secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo.

Al Almirante general Gerardo de Jesús Toledo Guzmán, subsecretario de Asuntos Marítimos y Portuarios.

A la licenciada Ernestina Godoy Ramos, fiscala general de la República.

A los integrantes del Gabinete del Gobierno de México.

A los exgobernadores del estado de Querétaro: el doctor Enrique Burgos García y al médico veterinario zootecnista Francisco Domínguez Servién.

A la diputada María Georgina Guzmán Álvarez, presidenta de la Mesa Directiva de esta Legislatura en el estado.

Al doctor Braulio Guerra Urbiola, magistrado presidente del Poder Judicial en el estado.

A las y los magistrados y diputados del estado.

Al maestro Felipe Fernando Macías Olvera, presidente municipal de Querétaro.

Así como a los demás presidentas y presidentas municipales del estado de Querétaro.

Al licenciado Víctor Antonio de Jesús Hernández, fiscal general del estado.

A la doctora Silvia Amaya Llano, rectora de la Universidad Autónoma de Querétaro.

A las y los presidentes de cámaras, colegios, organismos autónomos, asociaciones civiles, autoridades educativas, medios de comunicación.

Y por supuesto, a quienes nos siguen de manera virtual.

Señoras y señores:

Celebramos un año más de la vigencia de nuestra Constitución.

En este recinto se celebró el juicio que reinstaló la República.

Aquí se expidió la Constitución que pacificó a nuestro país y otorgó un proyecto de nación, y ha mantenido la solidez institucional hasta nuestros días.

Los pilares de la República se inscriben en este documento fundacional.

Nuestro México es una República democrática, representativa, laica y federal. No podemos, no debemos ni queremos perder ninguna de estas características.

Hoy, hoy enfrentamos, como nunca antes, desde 1914 a 1916, el acoso a nuestra soberanía, a nuestras libertades, pero también a nuestro honor.

En ambas ocasiones, las y los mexicanos supimos defender nuestra soberanía ejerciendo nuestro derecho a la autodeterminación y preservamos nuestra independencia nacional. En este recinto y esta fecha nos recuerda que esa es nuestra herencia y esa es nuestra obligación.

Que quede bien claro: ¡México no acepta dictados extranjeros, no admite instrucciones de nadie, no pacta su integridad y jamás, jamás, jamás nuestra dignidad!

Ante los Poderes de la Unión y la representación política de la República, con la totalidad de los Poderes constituidos, le refrendamos, Doctora Presidenta: ¡No está sola! ¡Cuente con nosotros! ¡Lleve firme el timón, que juntos vamos a superar la tempestad!

Defender a nuestra patria implica no anteponer ningún interés a su independencia y, por supuesto, a nuestro honor. No hay presión admisible ni tampoco compromiso justificable. Nuestra más alta lealtad debe estar con nuestros hijos.

Los tiempos duros que enfrentamos, los que se avecinan, demandan el fortalecimiento de dos escudos: la democracia y la justicia.

La exigencia democrática fue el origen de la Revolución Mexicana de 1910, que se concretó en Constitución. “Sufragio efectivo, no reelección”, su postulado central, mantiene plena vigencia. Y usted ha dado muestra de su convicción antirreeleccionista.

La historia nos enseña que lo estático está condenado a perecer. Pero reformar las leyes electorales no debe distanciarnos, sino aproximarnos al ideal revolucionario del sufragio efectivo.

Para que el sufragio sea efectivo, debe ser libre.

Que cada ciudadano emita su voto sin presiones ni coacciones.

Que el voto no tenga precio ni se condicione a políticas públicas.

Que el sufragio sea el mandato ante las autoridades.

Esto es una condición necesaria, pero no es suficiente.

La segunda parte de la ecuación es que la organización de las elecciones, quienes cuenten los votos, sean también independientes, libres, neutrales, en una palabra: confiables.

Que nuestra historia funja como lección y no como destino.

No debemos volver a lo que con tanto esfuerzo superamos: el México del pensamiento único y las elecciones como un mero trámite formal.

Hago un llamado a la nación, a los poderes públicos, a los partidos políticos, a la sociedad civil: acordemos la mejor reforma electoral.

Construyamos el consenso.

Que del diálogo surja un sistema equitativo sin sesgos, sin destinatarios.

Que de ahí emerja un México más libre y más democrático.

Ese es nuestro destino y esa es nuestra obligación.

Al segundo escudo le corresponde garantizar que todo mexicano, incluyendo a los pueblos y comunidades indígenas, sin importar su origen, su apellido, su patrimonio, su residencia, su sexo, su militancia o su credo o cualquier otra condición, tengan finalmente acceso a la justicia.

Una profunda reforma al sistema judicial comenzó en el orden federal. A ese modelo se han unido varias entidades federativas.

En Querétaro no nos limitamos a cumplir el mandato constitucional, lo hacemos realidad con medidas concretas para que todas las personas puedan contar con los instrumentos efectivos para recibir justicia.

Hace unos días presentamos la iniciativa de reforma para generar el Modelo Querétaro de Justicia. En él nos sumamos a que los integrantes del Poder Judicial del estado sean electos por sufragio universal.

Pero, adicionalmente, pretendemos ofrecer a las y a los ciudadanos una variedad de opciones para resolver controversias de manera ágil y honesta.

Partimos de una premisa: la justicia no solo se obtiene en los Tribunales, también se obtiene mediante el acuerdo, la conciliación o el arbitraje.

En este Modelo ofrecemos un nuevo sistema de mediación y conciliación para solucionar controversias familiares, civiles, mercantiles y administrativas.

También, por supuesto, la posibilidad de que los sectores sociales recurran a un arbitraje para dirimir sus disputas.

Por último, un sistema de justicia cívica que atienda las aflicciones cotidianas de las personas en el ámbito municipal.

También alineamos nuestras leyes al marco federal.

Pretendemos ensanchar así, la posibilidad de que cada quien obtenga lo que le corresponde de manera rápida, accesible, sencilla, profesional e imparcial.

Deseamos que las personas vuelvan a confiar en la justicia, en la ley, en la interlocución social.

En esta iniciativa participaron todas las fuerzas políticas, el Poder Judicial del estado de Querétaro y expertos en derecho.

Por supuesto, nuestro mayor reconocimiento a sus propuestas, que demuestran que la pluralidad siempre enriquece.

Es una contribución a la vida cotidiana del país. Menos violencia y más paz. Menos confrontación y más convivencia. Menos insulto y más diálogo.

Señoras y señores:

La justicia nos reconoce genuinamente iguales. La justicia no solo se obtiene en un proceso judicial, sino conviviendo con respeto día con día.

¿Queremos que Querétaro siga siendo ejemplo y vanguardia de prosperidad? Sí, pero también de la más alta expresión de una cultura del respeto, la honestidad y del decoro.

Se trata también de colaborar con quien hoy lidera el rumbo del país: la Jefa del Ejecutivo.

Por el bien de México, en este esfuerzo por garantizar una mejor justicia para las y los mexicanos, Presidenta: ¡cuente usted con nosotros!

Que sean elegidas las y los mejores juzgadores para fomentar el surgimiento de las y los mejores ciudadanos.

Deseamos ofrecer a las personas un nuevo motivo para creer en la paz, en la ley, en la justicia, en el acuerdo. Los momentos difíciles no admiten soluciones sencillas.

Querétaro está para demostrarlo.

Juntos vamos a lograrlo, y no hay mejor fecha que hoy para constatarlo.

Muchas gracias.

MODERADOR: El licenciado Hugo Aguilar Ortiz, ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, hará uso de la palabra.

PRESIDENTE DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN, HUGO AGUILAR ORTIZ: Kuta’vi o tyi vitan in kii ka’nu xee kuu. In tee Ñuu na’vi yo, in tee nuu jana’na ka’a siki tutu ka’nun ni’in Ñuu ko’yo. Suni ntusu Ñuu ñusavi jikan de Kua’a nuu ni’i da ñivi Ñuu Ko’yo. Yukuan kuu ja takuu in viko ñuun kuu vitan.

[Muy agradecidos hoy en el marco de un día muy grande. Recordamos cómo un indígena de aquellos tiempos llamó a escribir un documento que proteja a los mexicanos. Hoy, su voz y la de los pueblos indígenas son reconocidos como mexicanos en ese documento. Por eso hoy, es un día grande que celebramos].

Muy buenos días a todas y a todos.

Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; ministras y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Senadora Laura Itzel Castillo, presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República.

Diputada Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Licenciado Mauricio Kuri González, gobernador constitucional del estado de Querétaro.

Gobernadoras, gobernadores, jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Integrantes del Gobierno de México.

Hermanas y hermanos.

Al pueblo de México:

Me dirijo a ustedes con respeto y con emoción, no solo porque me toca representar en este acto solemne al Poder Judicial de la Federación, sino también porque he podido iniciar mi intervención en mi lengua materna, el ñuu savi, el mixteco, una de las 68 lenguas indígenas de nuestra nación.

Este solo hecho marca una nueva etapa en la historia del país, una donde la Constitución está verdaderamente viva, porque todos y todas podemos reconocernos en ella.

Hoy, la Constitución abraza a los pueblos indígenas y afromexicanos, respalda los anhelos individuales y colectivos de quienes aquí vivimos y se convierte en un pilar para alcanzar la justicia real y verdadera, así como un bienestar compartido.

Es importante señalarlo: no siempre fue así, recordemos que la primera Constitución de 1824 priorizó afianzar la independencia sin atender la diversidad de nuestra nación.

A su vez, la Constitución de 1857 restauró la República y fortaleció la división de Poderes, pero no recogió plenamente nuestra realidad.

Con mayor pertinencia, la Constitución de 1917 respondió a las necesidades y exigencias del pueblo que había padecido desigualdades, atropellos, injusticias y excesos de las élites, por lo que, sin duda, en aquella época fue una de las mejores Constituciones del mundo.

Ya afirmaba el diputado Alfonso Cravioto, miembro del Constituyente:

“Así como Francia, después de su revolución, ha tenido el alto honor de consagrar en la primera de sus Cartas Magnas los inmortales derechos del hombre, así, la Revolución Mexicana tendrá el orgullo legítimo de mostrar al mundo que es la primera en consignar en una Constitución los sagrados derechos de los obreros”. Y podemos agregar: los derechos campesinos y de los pueblos.

A 109 años de su promulgación, se recupera esa vocación democrática, su sentido social y el reconocimiento de la composición pluricultural de nuestro país.

Las últimas reformas constitucionales así lo confirman. Me referiré brevemente a tres de ellas:

La primera, la Reforma Constitucional en Materia de Derechos de Pueblos Indígenas y Afromexicanos que, en 2024, los reconoció como sujetos de derecho público, como nunca antes se había hecho.

Se trata de una reforma que redefine al Estado mexicano, porque plantea una relación de respeto con los pueblos, con su cultura, su identidad, su historia y sus derechos.

La Presidenta de México ha anunciado que a esta reforma se sumará una Ley General que va a garantizar su implementación.

Debo decirlo: en nuestro país será la primera vez que exista una Ley en la materia, por lo cual será un hecho sin precedentes en nuestra historia nacional.

La segunda reforma es la Reforma sobre Igualdad Sustantiva entre Hombres y Mujeres, que mandata la construcción de una igualdad y una justicia real, material, que trascienda todos los ámbitos de la vida de nuestras hermanas.

La tercer reforma que quiero referir, es la Reforma Judicial, una reforma que confió en la democracia, la soberanía del pueblo y en la construcción de una auténtica República.

La modificación otorgó legitimidad social a las y los integrantes del Poder Judicial.

Puso fin a la época en que la justicia era para unos cuantos y dio paso, ahora, a una etapa en la que estamos construyendo una justicia con el pueblo, que dé certeza jurídica a todas y a todos.

Así, el nuevo Poder Judicial no implica incertidumbres ni retrocesos, sino un poder con mayor legitimidad, que garantiza una justicia cercana y abierta, basada en el diálogo, la honestidad, transparencia, independencia y autonomía judicial.

Estamos, entonces, en la etapa de un Poder Judicial de reconciliación y esperanza. Una etapa donde, siguiendo a Benito Juárez: “la Constitución es nuestra espada y nuestra guía”.

A eso estamos comprometidos para hacer frente a los retos internos y a las amenazas externas.

Enhorabuena para México en un año más de su Constitución.

Muchas gracias.

Kuta’vi sa. [Muchas gracias].

MODERADORA: Hace uso de la palabra la diputada Kenia López Rabadán, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

PRESIDENTA DE LA MESA DIRECTIVA DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS, KENIA LÓPEZ RABADÁN: Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

Senadora presidenta de la Cámara de Senadores, Laura Itzel Castillo Juárez.

Ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar Ortiz.

Gobernador constitucional de este hermoso estado de Querétaro, Mauricio Kuri González.

Jefa de Gobierno, gobernadoras, gobernadores.

Legisladoras y legisladores federales y locales.

Muchas gracias a mis compañeros senadores por estar aquí el día… mis compañeros diputados, muchas gracias por estar aquí el día de hoy.

Muchas gracias por esta bienvenida, presidente municipal de Querétaro, Felipe Fernando Macías Olvera.

Muchas gracias también a quienes integran todo el Gabinete de la Doctora Claudia Sheinbaum, tanto al Gabinete Legal como al Gabinete Ampliado.

Invitadas, invitados especiales.

Mexicanas y mexicanos:

En 1917, nuestra Carta Magna nació de la necesidad de pacificar a una nación convulsa por la Revolución; nació como la promesa para encauzar la exigencia de justicia social, consolidar los valores federalistas y el respeto a los derechos humanos.

No solo con bases para un presente lleno de desafíos, sino como una ruta de futuro que delineaba el rumbo de nuestra patria.

Nuestra Constitución resguarda los principios de identidad del Estado mexicano y, al mismo tiempo, ha sabido evolucionar para dar cauce a las exigencias de un país dinámico y reconocer sus nuevas realidades.

Hay que decirlo claramente: que hoy, por primera vez en nuestra historia, tres mujeres hagamos uso de la voz es un acto, sin lugar a dudas, histórico producto de esa evolución constitucional.

Hace 109 años, la Carta Magna materializó un nuevo pacto social, y hoy debe ser el instrumento para pacificar a México.

Como presidenta de la Cámara de Diputados reconozco esta prioridad ciudadana que nos obliga a trabajar juntos, conscientes de que cada persona debe ser respetada en su dignidad y protegida en su integridad.

Nuestra Constitución debe ser un acuerdo interinstitucional que nos permita construir un país libre de violencia para todas y todos los mexicanos, con el objetivo claro de alcanzar la paz.

Lo reitero: nuestra Constitución debe ser el instrumento para pacificar a México.

Para lograrlo, debe existir un acuerdo incluyente, sin filias ni fobias.

Que representa también al que piensa distinto.

Que sea reflejo del todo y no de un pensamiento dominante.

Que sea un campo neutral de acción común para todos los Poderes del Estado mexicano, para todas las fuerzas políticas; un campo de acción que comprometa, pero que no confunda la lealtad con el unísono que aturde; acción que obligue a poner permanentemente la mirada en quienes más sufren, en quienes más han esperado.

La vida diaria de millones de personas y sus familias ha estado lejos de la legalidad que ofrece nuestra Carta Magna, desde la angustia que siente una mujer por caminar de noche en una calle mal iluminada hasta el miedo de perder una hija, un hermano o un padre.

Estas historias, estoy absolutamente segura, nos duelen y nos indignan a todas y todos. Por ello, debemos participar en su solución desde la convicción de que solo el respeto y el cumplimiento de la Constitución pueden devolverle al país la paz y la tranquilidad.

Tenemos el reto de lograr congruencia entre lo que dice nuestra Constitución y la realidad que viven las familias mexicanas.

La Constitución solo podrá ser el instrumento para pacificar al país si todos la cumplimos, si todos la reconocemos y, por supuesto, si todos la respetamos.

Debemos ser un país en donde nuestra Constitución, realmente, le sirva a las personas.

Que cumpla en los hechos lo que pregona en la palabra: la protección a la salud, el derecho a la educación, una vivienda digna y adecuada, el derecho a un trabajo digno y socialmente útil, con la posibilidad de construir un patrimonio.

Necesitamos que la Constitución permita vivir en libertad con bienestar y en paz.

¿Por qué? ¿Por qué hablar de seguridad, de salud y de democracia en el aniversario de nuestra Constitución?

Porque estos son retos sociales, institucionales y políticos. Y, por tanto, son retos constitucionales.

Anhelar confianza en la Constitución nace de la profunda convicción de que: es la ley y solo la ley quien puede encauzar la convivencia y castigar la violencia.

A quienes ejercemos encargos públicos, la ley nos faculta, pero la ética nos obliga.

Tenemos una gran responsabilidad: honrar la vida pública desde la decencia.

Si nuestro ejercicio público demuestra que tenemos compromiso con la patria, que trabajamos hacia el bien común, que buscamos evitar el dolor evitable, la gente podrá confiar en lo público, en las leyes y, sobre todo, en nuestra Constitución.

La discusión de la reforma electoral pondrá estos valores a prueba.

Respetar la Constitución en su esencia implica necesariamente cuidar el equilibrio de Poderes, la pluralidad y la representación.

A 26 años de la transición democrática, México ha demostrado que, con elecciones justas y ciudadanas, el poder puede cambiar de manos de manera pacífica, que la representación plural enriquece la vida nacional y que las instituciones son fundamentales para mantener equilibrios de gobernabilidad.

Frente a una posible reforma electoral, es importante enfatizar que la democracia es necesaria para garantizar, en el ámbito nacional e internacional: la certeza, el desarrollo y la prosperidad.

El aniversario de nuestra Carta Magna nos impone un doble reto: defender a la Constitución y, al mismo tiempo, revitalizarla.

Cuidar su esencia mientras le asignamos la ineludible función de pacificar a México.

Que este 109 Aniversario de la Constitución Mexicana sea la oportunidad para que 134 millones de mexicanas y mexicanos reconozcan en ella la promesa cumplida de la realidad que merecen, para lograr siempre un mejor porvenir.

Muchas gracias.

MODERADOR: La senadora Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores, hará uso de la palabra.

PRESIDENTA DE LA MESA DIRECTIVA DE LA CÁMARA DE SENADORES, LAURA ITZEL CASTILLO JUÁREZ: Muy buenos días —todavía— tengan todas y todos ustedes.

Saludo con mucho respeto y admiración a nuestra Presidenta, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, la primera Presidenta en los más de 200 años de independencia de nuestro país.

También saludo al ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el maestro Hugo Aguilar Ortiz.

Y a la presidenta de la Mesa de la Cámara de Diputados y Diputadas, la doctora Kenia López Rabadán.

Saludo a todos los invitados especiales que se encuentran el día de hoy.

Desde luego, a quienes integran este presídium.

Es para mí verdaderamente un gran honor estar el día de hoy aquí, en este Teatro de la República, donde en el año de 1854 resonaron, por primera vez, las estrofas de nuestro Himno Nacional y donde años más tarde se promulgó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en 1917.

Esta conmemoración del 109 aniversario de nuestra Carta Magna nos invita a reconocer que las grandes Transformaciones de México han quedado siempre plasmadas en nuestra Constitución.

La lucha por la independencia que encontró un cauce en los Sentimientos de la Nación, de José María Morelos y Pavón, consolidó su deseo de libertad en la Constitución de 1824.

La reforma liberal, encabezada por Benito Juárez, dio origen a la Constitución de 1857. Así, al costo de una guerra civil y de una intervención extranjera, se separó al Estado de la Iglesia.

Más tarde, las luchas campesinas y obreras de la Revolución Mexicana, que buscaban derrotar a un régimen dictatorial salvaje, culminaron en la primera Constitución del mundo en reconocer los derechos sociales, como la educación pública, el derecho a la tierra y los derechos laborales.

Desde el año 2018, México vive un nuevo proceso de transformación de la vida pública, en el que el pueblo decidió, por una vía democrática y pacífica: que el Estado debía recobrar el sentido social perdido durante esa gran noche neoliberal, durante esa larga noche neoliberal.

En 2024, las mexicanas y los mexicanos dimos el respaldo sin precedentes en las urnas a este proyecto de Transformación.

Por eso, desde el Poder Legislativo asumimos una responsabilidad histórica: cimentar un Estado constitucional de bienestar.

Por el alcance de estas reformas realizadas, me enorgullece decir que: hemos actuado como un auténtico Congreso Constituyente.

Hasta hoy hemos aprobado más de 20 reformas constitucionales que fortalecen la justicia, la igualdad y la prosperidad compartida. Entre ellas:

Promovimos la reforma constitucional, enviada por nuestra Presidenta, para garantizar la igualdad sustantiva y el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.

En este camino, recuperamos el legado de mujeres que nos abrieron brecha hace mucho tiempo, como las que participaron en el Primer Congreso Feminista de Yucatán en el año de 1916.

También aprobamos la reforma para reconocer a los pueblos indígenas y afromexicanos como sujetos de derecho público para reparar esa deuda histórica del Estado mexicano.

Y no podemos dejar de destacar la reforma al Poder Judicial, porque colocó a las y los mexicanos en el centro de una renovación democrática para asegurar un auténtico sistema de justicia cercano a la gente, cercano a la ciudadanía.

Todos estos cambios no solo recuperan, sino que profundizan el legado histórico de nuestras Constituciones, lo que se ha traducido en políticas públicas que han logrado sacar de la pobreza a más de 13.5 millones de personas.

En este tiempo histórico en el que México es gobernado por primera vez por una mujer, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, la Transformación es impulsada por la fuerza de las mujeres. Por eso, nos enorgullece decir, junto a ella, que: “llegamos todas”.

Nuestra Presidenta es ejemplo mundial, por su entereza, por su carácter, por su capacidad diplomática que nos ha enseñado cómo conducirnos frente a los embates de carácter internacional.

Un reconocimiento a su labor, porque realmente ha puesto en alto el nombre de nuestra patria y de la soberanía nacional.

No podemos olvidar que venimos de lejos, de luchas que sembraron paciencia y rebeldía, de esfuerzos que realizaron lo que durante mucho tiempo parecía imposible: la democracia, la justicia, la defensa de los derechos humanos, las garantías individuales que se plasmaron en la Constitución desde 1917 y, desde luego, en contra de la represión.

Decimos que, como escribió Eduardo Galeano, “la utopía siempre parece estar en el horizonte: caminamos unos pasos y ella parece alejarse unos pasos más”.

Entonces, ¿para qué sirve la utopía?, pues sirve para eso, sirve para caminar, para seguir caminando y no cansarnos.

Hoy, el Artículo 1º de la Constitución ha convertido ese caminar en un mandato constitucional, gracias al principio de la progresividad.

Todas las autoridades, todos nosotros, los legisladores y las legisladoras, debemos ampliar la protección de los derechos y la dignidad del pueblo.

Que esta conmemoración no sea solo memoria del pasado, sino que sea un compromiso en el presente para mirar hacia el futuro.

Seguiremos legislando con energía a favor de la soberanía nacional, la independencia económica y seguir construyendo la Cuarta Transformación.

Muchas gracias.

Y muchas felicidades a todos y a todas.

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